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Terapia familiar

En muchas familias llega un momento en que la convivencia se vuelve difícil: discusiones que se repiten, distancias que crecen o tensiones que afectan el bienestar de todos. La terapia familiar ofrece un lugar seguro donde todos pueden expresarse y sentirse escuchados.

terapia familiar

La terapia familiar está pensada para comprender qué está ocurriendo en las relaciones, mejorar la comunicación y recuperar un equilibrio más saludable dentro del sistema familiar.

Las dificultades individuales no pueden entenderse aisladas del contexto familiar. Por eso, esta terapia se centra en entender los patrones de relación y comunicación que mantienen el malestar y en ayudar a cambiarlos.

El terapeuta actúa como un observador y mediador que facilita nuevas formas de interactuar. El objetivo es que la familia encuentre nuevos equilibrios, más flexibles y funcionales, que beneficien a todos sus miembros.

¿Cómo se desarrolla la terapia?

El proceso suele dividirse en varias fases:

1. Evaluación inicial: se recoge información sobre la familia, su historia y la situación actual.

2. Identificación de patrones: se analizan los roles, los límites y las formas de comunicación que se repiten.

3. Definición de objetivos compartidos: se establecen metas concretas de mejora, acordadas por todos.

4. Intervención: mediante técnicas propias del enfoque terapéutico (preguntas circulares, genogramas, ejercicios de comunicación, etc.), se promueven nuevas formas de relación.

5. Seguimiento y consolidación: se refuerzan los cambios logrados para que se mantengan en el tiempo.

No siempre es necesario que toda la familia participe en cada sesión. En ocasiones se trabaja con subgrupos (por ejemplo, los padres) o con algunos miembros en momentos distintos.

¿Cuándo puede ser útil?

La terapia familiar puede ayudar en situaciones como:

  • Conflictos repetitivos entre padres e hijos, hermanos o generaciones distintas.
  • Dificultades de comunicación o sensación de desconexión emocional.
  • Cambios importantes en la estructura familiar (separaciones, nuevas parejas, llegada de un hijo, adolescencia, etc.).
  • Problemas de comportamiento o emocionales en uno de los miembros que afectan al conjunto familiar.
  • Procesos de duelo, enfermedad o crisis vital que repercuten en la convivencia.

No es necesario que haya un “problema grave” para acudir: muchas familias buscan este espacio simplemente para mejorar su dinámica o aprender a relacionarse de otra forma.

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